Frases

"Al final de su vida, acercándose la hora de la muerte, (Jesús) no quería dejarnos, y encontró un invento amoroso para poder quedarse siempre con nosotros, dejándonos a sí mismo como alimento de nuestras almas".Santa Verónica Guliani.

Jufra San Pío de Pietrelcina

lunes, 28 de junio de 2010

Ordenes Franciscanas 2da Parte

Continuando con el tema de la semana pasada donde hablamos de la creación de la primera orden por parte de nuestro padre seráfico San Francisco hoy les hablaremos de la Segunda Orden o Clarisas religiosas que fueron instituidas por San Francisco conjuntamente con su gran amiga Santa Clara de Asís.

Se puede decir que la fundación de las Hermanas Clarisas o segunda orden fue en 1212. En ese año Santa Clara, quien había suplicado a San Francisco que le permitiera abrazar la nueva forma de vida que él había instituido, fue establecida por él en San Damián cerca de Asís, junto con otras pías doncellas que se habían unido a ella. Es erróneo suponer que San Francisco alguna vez escribió una regla formal para estas Hermanas Pobres y no hay mención de un documento tal en cualquiera de las antiguas autoridades. La regla impuesta sobre las Hermanas Pobres en San Damián alrededor de 1219 por el Cardenal Ugolino, después Gregorio IX, fue reafirmado por Santa Clara hacia el fin de su vida, con asistencia del Cardenal Rinaldo, después Alejandro IV, y en esta forma revisada fue aprobada por Inocencio IV, el 9 de agosto de 1253 (Litt. "Solet Annuere").

En cuanto a la Segunda Orden, o Hermanas Descalzas, ahora comúnmente llamadas Clarisas Descalzas, esta orden incluye a todos los diferentes monasterios de monjas enclaustradas que profesan la Regla de Santa Clara aprobada por Inocencio IV en 1253, ya sea que observen la misma en toda su exigencia original o de acuerdo a las dispensas otorgadas por Urbano IV, el 18 de octubre de 1263 (Litt. "Beata Clara") o las constituciones compuestas por Santa Colette (m. 1447) y aprobada por Pío II, el 18 de marzo de 1458 (Litt. "Etsi"). Las Hermanas de la Anunciación y los Conceptualistas son en cierto sentido ramificaciones de la segunda orden, pero siguen ahora reglas diferentes de aquellas de las Hermanas Descalzas.

La forma de vida de las Hermanas Pobres instituida por el bienaventurado Francisco es ésta:

Guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin nada propio y en castidad» (Regla de Clara, 1).

Su proyecto de vida consiste en creer y guardar el santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo, sin otra tarea esencial más que vivir de su Palabra, en entrega de amor a su voluntad, con un estilo típicamente franciscano: desde su vida de contemplación, en fraternidad, trabajando y compartiendo lo que somos y tenemos con sencillez.

Vida contemplativa

Su contemplación, como la de Francisco y Clara, se realiza siguiendo las huellas de nuestro Señor Jesucristo. Nuestra forma de vida contemplativa intenta poner de manifiesto que el fundamento de todo está en Cristo y que merece la pena centrar la vida en Él, para encarnar el evangelio de una manera comprensible para los hombres y mujeres de nuestro tiempo. No es una huida del mundo; tratamos de hacer nuestras las alegrías y las esperanzas, las tristezas y las angustias, las carencias y urgencias de nuestro tiempo, esforzándonos por responder a ellas con fidelidad creativa.

«El Hijo de Dios se ha hecho para nosotras camino... y nuestro bienaventurado padre Francisco, verdadero enamorado e imitador suyo, nos lo ha mostrado y enseñado de palabra y con el ejemplo» (cf. Testamento de Santa Clara).

 
Oración

Su jornada comienza a las 7 de la mañana en el silencio de la oración. Mientras que la ciudad comienza su ajetreo, las hermanas se encuentran en la Iglesia para disponer el oído de su corazón a la escucha de Dios en la oración. La oración es el corazón de su vida, su respiración, su ritmo, es su oficio en cierta manera. Cada día, su oración hace memoria y celebra la acción de Dios en favor de los hombres. Reconoce, suplica, admira, agradece, adora y alaba a Dios que cuida con amor de toda la creación.
«Aplíquense a lo que por encima de todo deben anhelar: tener el Espíritu del Señor y dejarse guiar por Él, orar continuamente al Señor con un corazón puro» (Regla de santa Clara, 8).
 
En clausura

La clausura es un modo particular de estar con el Señor, de entrega amorosa al único Absoluto y a lo único necesario; es parte determinante una opción por seguir la pobreza y humildad de Cristo tras los pasos de Francisco y Clara de Asís.  En el reducido espacio de la clausura, sin apenas posibilidades de distracción o dispersión, el silencio no es ausencia de palabras como si nada tuviéran que comunicar; es un silencio orante que acoge la Palabra, que busca la verdad más profunda de sí misma y se da feliz a los demás para compartir con amor entrañable lo mejor de sí. El retiro y silencio contemplativo custodia y favorece la vida interior de ellas. No es una huida ni un refugio sino el espacio propio para escuchar el murmullo suave de Dios y sacar de ahí la fuerza para amar. La autenticidad de la palabra y de los gestos, madurados armónicamente en el silencio, ayuda a construir una personalidad verdadera, libre, serena y acogedora.


En fraternidad, sin nada propio

 
La fraternidad es el ámbito privilegiado en que viven el seguimiento de Jesús, donde descubren que el camino del Evangelio, vivido en radical desprendimiento, se convierte gratuita y misteriosamente en vida compartida. Al abrigo de la fraternidad se puede vivir la auténtica pobreza, aquella que las despoja de ellas mismas por amor y las lleva a poner la vida en manos de Cristo y a entregarse a los demás, alargando siempre el círculo de comunión y de acogida a todos.

 
En relación con todos

Intentan dar calidad humana y espiritual a su vida apostando por una formación teológica y espiritual permanentemente actualizada. La preparación esmerada y creativa de los espacios litúrgicos, comunitarios, recreativos las ayuda a permanecer vivas en el amor y a no resignarse nunca, a no refugiarse en la costumbre, que adormece y paraliza cualquier espíritu de iniciativa.









No hay comentarios:

Publicar un comentario

Si te gusta lo que leiste comenta Paz y Bien